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Científicos confirman que mirar el lado positivo de las cosas es bueno para nuestra salud

  • Foto del escritor: Leonardo Antonio Islas Olavarrieta
    Leonardo Antonio Islas Olavarrieta
  • 10 mar 2021
  • 4 Min. de lectura

En la actualidad existen un gran número de estudios que relacionan el optimismo con una mejor salud cardiovascular, la disminución de otras dolencias crónicas y con el fomento de la “longevidad excepcional”, un término utilizado por investigadores para describir a las personas que viven más de 85 años.

Si bien es cierto que la relación entre el optimismo y la salud sigue siendo una correlación que no prueba causa y efecto, ahora ya existe evidencia biológica que sugiere que el optimismo puede tener un impacto importante en la salud.

De acuerdo con el Dr. Alan Rozanski, uno de los principales investigadores en la materia, “nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para fomentar el optimismo. Desde adolescentes hasta personas mayores, todos tendrán mejores resultados en sus vidas si son optimistas”.

El Dr. Rozanski es cardiólogo en el Hospital Mount Sinai St. Luke, en Nueva York, y se interesó por el optimismo mientras trabajaba en un programa de rehabilitación cardíaca al principio de su carrera.

En una entrevista, explicó: “Muchos pacientes de ataques cardíacos, que durante mucho tiempo fueron sedentarios, de pronto tuvieron que entrar al gimnasio y decían: ‘¡No puedo hacer esto!’. Pero al ponerlos en la caminadora, gradualmente comenzaron a mejorar su actitud y se volvieron más seguros de sí mismos. Una mujer de 70 años dijo que su ataque cardíaco era lo mejor que le había pasado porque transformó lo que ella pensó que podía hace”.

En un análisis compuesto por 15 estudios, con 229 mil 391 participantes, publicado en el JAMA Network Open, el Dr. Rozanski y sus compañeros descubrieron que las personas con altos puntajes de optimismo eran mucho menos propensas a sufrir ataques cardíacos o algún otro tipo de evento cardiovascular, y tenían una tasa de mortalidad más baja que cualquiera de los participantes pesimistas.

“En todos los casos, hubo una fuerte relación entre el optimismo y un menor riesgo de enfermedad. Los optimistas tienden a cuidar mejor su salud. Son más propensos a hacer ejercicio y comer mejor, y son menos propensos a fumar”, dijo

El Dr. Rozanski agregó: “También hay un efecto biológico. Los pesimistas llenan sus cuerpos con hormonas dañinas del estrés, como el cortisol y la noradrenalina, durante todo el día. El pesimismo aumenta la inflamación en el cuerpo y fomenta anormalidades metabólicas como la diabetes. El pesimismo también está en camino a la depresión, un trastorno que es considerado como un factor de riesgo para enfermedades cardiovasculares”.

Julia K. Boehm, psicóloga de la Universidad de Chapman, en California, dijo: “El optimismo promueve la resolución de problemas. Ayuda a las personas a enfrentar desafíos y obstáculos de manera más efectiva. Los optimistas tienden a buscar estrategias que hagan realidad un futuro prometedor. Y así, sus corazones no están latiendo tan rápido constantemente”.

Por otra parte, dijo que los pesimistas tienden a no estar abiertos a la posibilidad de obtener resultados favorables, y la respuesta de ‘huida’ que experimentan termina por amplificar los sistemas corporales que, a largo plazo, desgastan el organismo.

La Dra. Boehm y sus colegas examinaron la asociación del optimismo con tres comportamientos de salud: actividad física, dieta y tabaquismo, y descubrieron que las personas más optimistas tenían más probabilidades de tener comportamientos más saludables. Sus hallazgos fueron publicados en Circulation Research.

Sobre las posibilidades de fomentar el optimismo en los pesimistas crónicos, en entrevista con The New York Times, el Dr. Rozanski hizo referencia a los principios de la terapia cognitivo-conductual, que pueden ayudar a las personas a desarrollar mejores habilidades para afrontar y contrarrestar los pensamientos negativos.

“Nuestro pensamiento es habitual, no consciente, por lo que el primer paso es aprender a detenerse cuando piensas negativamente y comprometerte a cambiar la forma en la que ves las cosas”, recomendó. “Reconoce que la forma en la que piensas no es necesariamente la única forma de pensar sobre una situación. Tan solo ese pensamiento puede disminuir el efecto tóxico de la negatividad. El segundo paso es sustituir ese pensamiento por uno que sea mejor, y que sea creíble”.

El Dr. Rozanski comparó esta práctica con el aumento de la fuerza muscular, construyendo gradualmente un ‘músculo’ de pensamiento positivo, por ejemplo, al tratar de sentirse más agradecido.

Sin embargo, opinó que el optimismo es bueno mientras sea realista y fomente puntos de vista y resultados que estén dentro del ámbito de la posibilidad.

Pero, llevado al extremo, un optimismo indebido puede hacer que algunas personas ignoren las amenazas potenciales y corran riesgos, mientras que las personas que albergan un grado moderado de pesimismo pueden estar mejor preparadas emocionalmente para aceptar resultados negativos, como perder el trabajo, la casa o su pareja.

No obstante, los optimistas tienden a ser personas más felices que están en mejores condiciones para recuperarse de una pérdida grave y tal vez incluso convertirla en una ganancia vocacional, emocional o financiera.

Con información de The New York Times por Jane E. Brody

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