Trampas jaiberas en Bahía de Kino
- Leonardo Antonio Islas Olavarrieta

- 23 jun 2021
- 5 Min. de lectura
Foto de portada: trampa jaibera de aro utilizada en Bahía de Kino. Foto: MC Martín I. Bustillo-Ruíz.

Colaboración especial de Pedro Miguel Burgos Valle
Unas de las carnes más exquisitas que existen es sin lugar a duda la de jaiba, crustáceos marinos que se extraen de julio a abril de cada año en muchas regiones de las costas mexicanas.
Después de cocerse por unos minutos, las jaibas se descarnan y quedan listas para ensaladas y tostadas, o en caldos donde se usan con todo y caparazón para extraer todo su sabor. Su costo en carne es de aproximadamente 200 pesos por kilo; al pescador a pie de playa se le pagan unos 40 pesos por kilo.
Un fin de semana del mes de mayo, mientras navegábamos por el estero la Cruz en Bahía de Kino, pudimos revisar un par de trampas para jaiba.

Cabe señalar que aún era tiempo de veda, misma que se levantará hasta el próximo 01 de julio en Sonora. Es el tiempo en que muchos organismos se reproducen y para cuidar la especie, los pescadores mayormente acatan dicho decreto de veda. Más no se trataba de evidenciar a nadie, solo queremos mostrar el arte de pesca utilizado que son los «aros trampa».
Hasta hace unos tres años, la mayoría de los pescadores utilizaba la trampa rígida tipo «Chesapeake» de 60 x 40 cm con dos entradas, las que ahora vemos tiradas en calidad de «scrap» (basura) por muchas playas y que fueron mayormente sustituidas por los aros.
Esta trampa es muy práctica tanto para su confección como para operarla, además, en muchos de los casos se utilizan materiales de desecho de otro tipo de arte de pesca, lo que las vuelve muy económicas.

En La Reforma, Sinaloa, hace unos años pudimos observar que los pescadores utilizaban aros sencillos que son levantados en cada marea para volver a colocarse al día siguiente. Teóricamente deben ser 70 por embarcación, de hecho, son 70 los autorizados en los permisos de pesca comercial de esta pesquería, pero en la práctica usan hasta el doble. Estos después de ser encarnados se van dejando en el agua cada cierta distancia, digamos 10 a 20 metros entre ellos.
Estas trampas de aro, a diferencia de las trampas rígidas, se colocan y se revisan frecuentemente, lo que en una marea significa varias faenas, porque como el escape es muy fácil al ser precisamente un disco sobre el fondo de mar, ello propicie que una vez satisfecho el apetito o agotada la carnada, el comensal se retire antes de ser atrapado, además de que por ser tan atractivo el cebo, si se dejan más tiempo se corre el riesgo de que arriben más de una pieza y agoten el alimento antes de ser revisada.
Las trampas de aro sencillo son las más comunes y las que iniciaron en la Bahía Santa María en Sinaloa, a mediados de los años 80 del siglo pasado. En la actualidad se prefieren más sofisticadas, de doble aro para evitar el escape en aguas cristalinas y un sobrante de malla en la periferia, que sabiéndolo colocar hace las veces de una trampa invertida que forma una barrera impidiendo aún más el escape.

Historia del aro-trampa para jaiba
Por Pedro Miguel Burgos Valle
En 1983 aproximadamente, después de un huracán que derribó la mayoría del cableado eléctrico en mi pueblo natal, recogimos un tramo de cable de alta tensión, retiramos el aluminio y quedó el alma de acero galvanizado de aproximadamente un 3/16”. Mi padre lo enrolló y dijo “para algo ha de servir”.
Unos meses después, y luego de una zafra mala de camarón, al entrar la veda un día se puso y cortó el cable en tramos de 1.5 metros. Formó aros y luego les puso malla del sobrante de los paños de atarraya. Deshebró un tramo por un extremo, hizo una pata de gallo y lo sujetó al aro en tres puntos equidistantes. Puso una boya pequeña en el otro extremo, un gancho de alambre en el centro del disco de malla, así formó 16, recuerdo.
Al día siguiente salimos a pescar, luego de agarrar carnada en el embarcadero, (lisas con atarraya), nos dirigimos a un lugar en la bahía.
Mi padre colocó un trozo de lisa en cada una de las trampas y luego de unos minutos dentro del agua nos dispusimos a hacer la primera revisión. ¡Sorpresa! En cada trampa «parabólica» como les llamamos en aquel entonces, venía una o dos jaibas, generalmente machos.
Pescamos alrededor de 80, sin saber qué íbamos a hacer con ellas, pues en ese entonces no se conocía la actividad como una pesquería más, lo único que se nos ocurrió fue cocerlas y llevarlas a los restaurantes de Altata, donde a regañadientes pudimos vender unas 15 piezas. El resto formó parte del menú de la familia de toda la semana. Insistimos en la actividad y después de varios meses logramos colocar unas cuantas docenas en cada restaurante en la semana.
Así nació la trampa parabólica en El Centro, Sinaloa. No dudo que en algún otro lugar ya hubiese existido, pero para mí fue un invento de mi padre como muchos otros que aportó a la actividad, pues hasta esas fechas yo no las conocía, o no sabía de su existencia.

La pesquería de jaiba es una de las más representativas de Bahía de Kino y de las costas de Sonora y Sinaloa, como lo son también el callo de hacha (mediante buceo) para embarcaciones menores y la sardina por las embarcaciones mayores.
En Bahía de Kino el aro es más elaborado y se deja -igual que se hacía con la trampa rígida- dentro del agua todo el tiempo donde son revisadas diariamente.

Los aros cuentan con una malla donde queda atrapada la jaiba, la cual ingresa a la trampa atraída por una carnada. Cuando se sacan para retirar el producto, se «encarnan» nuevamente y se regresan al agua. Se les adapta una botella de plástico PET, la cual flota en la superficie del agua y sirve para ubicar las trampas. Por supuesto, con el tiempo se cubren de algas que deben retirarse.
En las imágenes se observan algunas jaibas dentro de los aros, mas no las manipulamos. Pudimos observar hembras «enhuevadas» que es lo que garantiza la producción de los siguientes ciclos de extracción. Los machos son fácilmente distinguibles de las hembras. El vientre del macho es una T, y el de la hembra triangular. Cuando la hembra está «enhuevada» se observan los huevecillos. En dicho estado grávido, por ley no deben sacarse en ninguna época del año, lo mismo debe respetarse una talla mínima que varía de acuerdo con la especie del género Callinectes de que se trate.




Comentarios