Cómo la fluidez puede moldear tu liderazgo
- Leonardo Antonio Islas Olavarrieta

- 10 feb 2020
- 3 Min. de lectura
La definición de ‘liderazgo’ varía de persona a persona. Esto se debe a que el liderazgo no está ‘escrito en piedra’. Es una construcción social, y no existe una fórmula única que garantice el buen resultado de un liderazgo en específico.
En otras palabras, el liderazgo es fluido. Un líder no puede forzar un estilo de liderazgo en particular si este no le proporciona ningún resultado favorable. Un líder debe adaptarse, lo que puede determinarse en gran medida por cambiar o no cambiar, riesgos, prioridades, tecnicismo, crisis o no crisis, entre otros escenarios.
Sin embargo, no todos los líderes son conscientes de esta «fluidez» necesaria en el liderazgo. Los líderes podrían considerar un estilo de liderazgo en específico como su principal, mientras que en realidad lo que hace es dar forma y cambiar en cada situación, crisis o cambio.
Los cuatro estilos populares de liderazgo son autoritarios, democráticos, afiliativos y de coaching. Un líder fluido sabe cuándo usar cada uno de esos estilos. Pero, ¿cómo puedes mejorar tu liderazgo aplicando la fluidez?
Primero, ten en cuenta lo que haces y cómo se comporta un líder.
Poner atención es una de las claves del éxito. Cuando estás atento, eres consciente de lo que haces, de cómo tus acciones afectan a los demás y a ti mismo, y qué tipo de impacto causas en la organización. Esta consciencia también te proporciona las herramientas necesarias para aplicar un estilo de liderazgo específico en un momento dado.
Segundo, aprende de los demás.
Cuando eres lo suficientemente humilde como para aprender de los demás, puedes pasar la carga del liderazgo a otras personas, temporalmente. Cuando hayas decidido aplicar lo que aprendiste, volverás a tomar el volante. Ser flexible en quién, qué, cuándo, dónde y por qué aprendes es en sí una forma de fluidez.
Tercero, pide a los demás que te brinden retroalimentación
Pídele a las personas que te rodean que expresen sus opiniones, ideas, sugerencias y cualquier comentario que consideren oportuno. De esta manera, puedes ver cómo funciona o no tu liderazgo. Además, puedes optimizar cualquier área que necesite atención. Esto te permite ser fluido para mejorar la organización a través de los aportes de los demás.
Cuarto, mantén tu enfoque en tus objetivos
Al igual que un jugador de basketball, tus ojos deben permanecer en la canasta con el objetivo de anotar tantas veces como sea posible. Sin embargo, también como un jugador, debes saber dónde está la pelota. Atrápala, bótala, lánzala a otros jugadores del equipo y mantente enfocado. Como un jugador de basketball, eres flexible. A veces disparas; a veces solo defiendes y lanzas la pelota.
Quinto, asume los riesgos y prioriza bien
Un buen líder comprende los riesgos involucrados en cada acción y ordena bien sus prioridades. Los líderes mitigan los riesgos, pero se mantienen enfocados para desempeñarse de acuerdo con las prioridades pactadas.
Ser fluido en el liderazgo te cambia de adentro hacia afuera. Te permite ser más consciente de lo que otros piensan, sienten y hacen, y cómo esto te afecta tanto a ti como a la organización. Te convertirás en un líder fluido una vez que hayas llegado al punto en que te sientas cómodo siendo flexible y lo suficientemente seguro de ti mismo para evitar acciones que solo denotan tu ego.




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